miércoles, 16 de mayo de 2012

LA POBREZA EN LA EDAD MEDIA Y SU EVOLUCIÓN.

Para poder hacernos una idea real sobre el significado de la palabra "pobreza" debemos remontarnos seguramente a épocas pasadas para poder comprender su evolución y saber cómo se ha llegado a darle a éste término el significado que ahora tiene. La comprensión de la pobreza debe ser, pues, amplia.

El pobre medieval era aquel que, de manera permanente o temporal, se encontraba en una situación de debilidad, de dependencia, de humillación, caracterizada por estar privado de los medios, variables según las épocas y las sociedades, de potencia y de consideración social: dinero, relaciones, influencia, poder, ciencia, calificación técnica, honorabilidad del nacimiento, vigor físico, capacidad intelectual, libertad y dignidad personal. Vivía al día y necesitaba de la ayuda de los demás para liberarse de la pobreza.

El pobre de la alta Edad Media, aunque hubiera superado el esclavismo de la época romana, conservaba todavía su dependencia respecto a los poderosos. Desde el siglo VI al XI, el escenario donde se debaten las confrontaciones entre ricos y pobres es el campo. Era rico el que poseía tierras y alimentos, no el que tenía dinero. La pobreza estaba delimitada por la ausencia de tierras y la dependencia alimentaria.

Aunque en todos estos siglos el telón de fondo sigue siendo el mundo rural los problemas sociales sufren un cambio entre las épocas: en principio los pobres luchaban por sobrevivir, y su condición venía dada por la ausencia del tener, mientras que ya en el siglo IX, la cuestión se torna más profunda, siendo el pobre aquel que no tiene ya un lugar en la sociedad, carece del ser y no es nadie en la sociedad. 

El pobre del siglo VII ya no es el esclavo que se volvió criado, sino un campesino, un aldeano jurídicamente libre al que, aun teniendo algunos medios propios, la insuficiencia de recursos en víveres y ropa, las deudas y la integridad física, le obligan a soportar, e incluso solicitar, el patronato de un poderoso.

Esto continúa en el siglo VIII, y se crean unos contratos en los que los pobres solicitan la ayuda de los poderosos ( en cuanto a víveres mínimos de alimento, alojamiento y vestimenta) a cambio de servicio y lealtad indefinida.

A partir del siglo IX, al grupo de los pobres, que disponían de libertades y de algunas tierras, se le unió el de los indigentes, víctimas del desequilibrio de la economía rural debido, en parte, al crecimiento demográfico. Estos grupos, que vagabundeaban sin un lugar fijo, fueron de nuevo sometidos por los potentes, aprovechando la inseguridad producida por las guerras intestinas y las nuevas invasiones, así como el desorden proveniente de la disolución de la autoridad pública.

El mapa de la pobreza estaba cambiando al desaparecer los potentes y ser reemplazados por la aristocracia terrateniente. Los pobres o bajaron a formar parte de los indigentes o se integraron en nuevas formas de organización social. La oposición de los términos pauper - potens, pobre - poderoso, como expresión de la realidad social, había dejado el lugar a la de pauper - miles, cobrando un nuevo aspecto el problema de la pobreza desarmada frente al poderoso militar.

Con la revitalización de las ciudades en el siglo XI, la pobreza toma una nueva dimensión. Aunque la pobreza rural clásica sigue acentuándose debido al excedente demográfico, las hambrunas y el endeudamiento del campesino que le obligaba al abandono de sus tierras para engrosar la masa de vagabundos mendicantes que se acercaba a las puertas de los monasterios, aparece un nuevo tipo de pobreza urbana caracterizada por su anonimato y la imposibilidad de superarla; miseria tanto más sentida por cuanto que la economía de cambio le ponía ante los ojos a los pobres la opulencia del mercader y del cambista. Al concepto de pobre no sólo se opone el de rico sino también el de ciudadano.

El despertar ciudadano del siglo XII había aportado avances indiscutibles, como la absorción relativa de los excedentes demográficos y el aumento de calidad de vida, pero al mismo tiempo había creado un cinturón de marginalidad donde los pobres lo eran de una forma absoluta: los que vivían en la servidumbre y la precariedad, los sin-tierra y sin empleo, los jóvenes sin futuro, los fugitivos y los desterrados. Estos desequilibrios sociales estuvieron acompañados y agudizados por los cambios económicos. El paso de una economía de trueque a otra de beneficio, caracterizada por el uso y el abuso del dinero, configuró el panorama de la pobreza de una forma hasta entonces desconocida.

La puesta en marcha de esta economía de beneficio, si bien es verdad que dinamizó la sociedad creando un mayor nivel de bienestar, favoreció el enriquecimiento de unos pocos a cambio de desterrar a la marginalidad a grandes grupos sociales. La pobreza, además de generalizarse, se hizo anónima, por lo que resultaba más difícil de combatir.

Ante esta situación de pobreza, la Iglesia reaccionó y numerosos grupos de seglares se organizaron para ejercer la beneficencia. La reflexión teológica sobre la pobreza, estimulada por las circunstancias y favorecida por el medio urbano, no fue condicionada únicamente por los cambios económicos; brota de las profundidades de una tradición que siempre la ha considerado como una exigencia evangélica. En el siglo XII, el seguimiento de Jesús se condensa en "seguir desnudo a Cristo desnudo". La pobreza se convierte en expresión máxima del compromiso cristiano.

Esta revalorización teologal y canónica del pobre no borró, sin embargo, la faceta sombría que toda marginación comporta. La promoción del pobre a finales del siglo XII es principalmente conceptual y mística. El pobre en sí sigue siendo un olvidado. El pobre sigue bajo el pórtico de las iglesias con los penitentes. El pobre, en definitiva, sigue eclipsado por el rico.


Actualmente según autores y estudios del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, y el Fondo Monetario Internacional, existen dos tipos de pobreza bases:

-Pobreza absoluta, en la que se estipula que se debe diferenciar a los pobres de los no pobres, estableciendo una canasta mínima de consumo representativa de las necesidades de la sociedad que se pretende analizar. Esta metodología permite detectar la pobreza crítica, y dentro de ella la pobreza extrema.
La línea de pobreza crítica se determina sobre la base del costo total de la canasta de consumo, que incluye los gastos de alimentaciónn, vivienda, salud, vestido y otros. La línea de pobreza extrema considera sólo los gastos de alimentación.
-La pobreza relativa trata de que la misma es relativa de las ciudades, campos, países, situaciones geográficas, etcétera. Por ejemplo la pobreza en el Desierto del Sahara es diferente a la pobreza en las montañas de Constanza, o la de la urbe de Suiza, Noruega o Suecia.
En ese sentido cada sociedad o cada país tiene un nivel o canal de pobreza, viéndolo desde el punto de vista de la relatividad de las cosas.

Dentro de esta pobreza podemos subdividir la misma en varios factores significativos para evaluar dichos niveles y estándares como por ejemplo en "pobreza educativa" , "pobreza de espacio habitacional", "pobreza de servicios", "pobreza de seguridad social", "pobreza de salud" o "pobreza por ingresos".


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Entrada realizada por : ANDREA GALMARINI GARATTONI

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